Buen concierto ofrecido ayer noche por los Deadstring Brothers en una sala Acapulco casi vacía. 40, tal vez 50 fue la asistencia del personal congregado en el local y me sabe mal por ellos. Puedo entender que la peña entre semana no se anime mucho a salir de casa pero un sábado cuando a veces la gente se gasta pela a lo absurdo, es de poco recibido. El rock’n’roll cada día es menos rentable y no sé cómo diablos puede sobrevivir este tipo de bandas que se patean medio mundo para poder darse a conocer a cuatro fieles.Pero no nos amarguemos la existencia que no vale la pena y hablemos un poquillo de la velada de ayer. Les tenía ganas a estos tipos y me compré sin pensármelo un par de tickets para verlos pero al final, mi mujer no pudo asistir por problemas de salud y decidí irme sólo con más pena que gloria. Las referencias que leí de sus conciertos eran todas muy buenas y a pesar de la ausencia de Masha Marjieh a las voces, estos tipos de Detroit justo acaban de editar un sensacional disco llamado “Sao Paolo” lleno de influencias de los Stones cuando estaba Mick Taylor con sus Satánicas Majestades y que desgraciadamente pasará al olvido más absoluto.
Con un horario bastante inhabitual (serían las 9 de la noche), salió la banda con el tema que da titulo a su último trabajo con Kurt Marschke sentado en un taburete tocando el slide como si fuera un bluesman del Mississippi. Un gran inicio para dar paso a un repaso de todos sus trabajos hasta la fecha. Quizás, al principio noté un poco la banda distante y fría pero se fueron desmelando y animando según fue pasando los minutos con temas más enérgicos como “The river song” o “Smile” hasta llegar a interpretar un viejo y trepidante blues con el bajista Jeff Cullum al armónica. Ante la cerrada ovación del respetable, volvieron para ofrecernos un bis y se fueron tan contentos del buen recibimiento del público asturiano. Quisiera destacar a Spencer Cullum con el sonido que crea con su pedal steel. Un chaval con pinta de empollón pero que detrás de él, se esconde un musicazo de altos vuelos…¡enorme!. Al final, hora y veinte de actuación que se me pasaron en un suspiro con la esperanza que vuelvan pronto por la península. Al acabar el bolo, la banda al completo se fue al puesto del merchandising a hacerse fotos y firmas con todo el mundo. Una gente súper-maja y ojalá tenga un poco más de recibimiento como se merecen. Os dejo otra reseña del bolo hecha por nuestros compañeros The Promouters
