No se puede empezar con mejor pie una carrera en
solitario como este disco homónimo de todo un titán del rock como es Ian
Hunter.
La verdad es que nuestro protagonista de hoy no lo tenía
nada fácil para mantener el nivel que había cosechado con Mott The Hoople
durante varios años. “Mott the hoople”, “All the Young dudes”, “Mott” o “The Hoople” son auténticas joyas que ya
quisieran tener para sí la mayoría de bandas o artistas que quieren hacerse un
nombre en la historia. Muchos con ese curriculum ya hubieran bajado el pistón
unos cuantos peldaños, pero en el 75 no valía ser un mediocre ni un mindundi y
si querías estar en la élite tenías que sacar lo mejor de ti. La
competencia en aquella época era feroz y las obras maestras seguían copando la
actualidad. Con ese panorama cualquier artista, aunque fuese de renombre, no
podía vivir del pasado ni tan siquiera dormirse en los laureles. Un buen caso
que resume esto perfectamente es el ex líder de los Hoople.
Hunter, de talento, por fortuna, iba sobrado y su vena
compositiva no decayó ni un ápice a la hora de afrontar su primer capítulo en
solitario y bajo mi humilde opinión, firmó su mejor obra en aquella década. Lo
que siguió después es también muy recomendable con dos espléndidos discazos como
“All american alien boy” y el que es considerado por muchos de sus fans su obra
cumbre como es “You’re never alone with a ezchizophrenic”, con varios miembros de la E Street Band en los créditos.

Centrándonos en este primer L.P, Hunter tuvo buen ojo en
asociarse con todo un fenómeno a las seis cuerdas como Mick Ronson (que además
hacía de productor) para despacharse a gusto con ocho temas que no tienen
desperdicio. Ocho maravillas que se encadenan para formar un producto sólido,
eficiente y que no ha perdido ni una pizca de frescura en casi 40 años de
vigencia. Normal si hablamos de temazos del calibre de “Once bitten twice shy”
(Great White lo saben más que nadie), “Lounge lizard”, “Boy”, un tema
co-escrito por Ronson y que recuerda inevitablemente a Bowie, ese rock duro con
un estribillo demoledor exhibido en “The truth, the whole truth and nothin’ but
the truth” o esa exquisitez llamada “It ain’t easy when you fall” que se te
clava en el alma de por vida.
En definitiva, Hunter demostraba con creces en este inicio
de aventura que todo su potencial seguía intacto con un soberano discazo que
auguraba una carrera por su cuenta llena de grandes momentos.
Altamente recomendable.