Scott H. Biram es de los pocos artistas jóvenes actuales
fiables. Sobre su autenticidad y honestidad pondría la mano en el fuego sin
dudarlo. Su mejor aval son discos como “Bad ingredient”, del cual hablé en su
día en el blog, “Graveyard shift” o “Somethin’s wrong/lost forever”, que rebosan calidad por doquier con una excelente mezcla de blues, folk y country.
Con esas credenciales no fue nada extraño que me lanzase
a escuchar su flamante nuevo trabajo “Nothin’ but blood”, que salió hace ya un
par de meses. La confianza era plena y eso sin haber puesto previamente la
oreja. Con Biram sabes perfectamente que te encontrarás con una propuesta
honesta, visceral y ante todo intuyes que te esperarán un conjunto de canciones
que te llenarán de satisfacción durante un buen tiempo.
Desde la primer escucha y sus sucesivas audiciones,
“Nothin’ but the blood” ya se puede catalogar como otra excelente obra de este
forajido. Sorpresas pocas, sigue la tralla con torpedos sonoros como “Around
the bend”, “Only whiskey” o “Church point girls”, el blues más profundo en
“Jack diamonds”, “Back door man” de Willie Dixon o más eléctrico en “Alcohol
blues”. El country también sigue paseándose con maravillas como “Slow &
easy”, al igual que el folk en “Never comin’ home”. La recta final del disco
presenta su lado más emocional y espiritual con el góspel como protagonista en
dos temas quizás ya muy sobados como “Amazing grace” y “John the revelator” o
de su propia firma “When I die”.

