Durante mucho, mucho tiempo, estuve realmente enganchado de manera casi enfermiza a este artefacto llamado “Ænima”. Un disco que me marcó como pocos durante la década de los 90. De hecho, si hubiera tenido un blog durante ese periodo a buen seguro que lo hubiera situado entre lo mejor de aquella década.La historia que me unió a esta colección de canciones empezó cuando un coleguita que vivía en Madrid me consiguió una copia americana, esa misma que viene con un holograma con las tres portadas distintas, en una tienda llamada Sun Records. De Tool en aquellos años ya tenía constancia de su EP “Opiate” y sobre todo “Undertow”, que también durante una buena temporada me voló la cabeza pero con “Ænima”, la cosa resulto ser mucho más obsesiva.
Recuerdo que el disco me atrapó a las primeras de cambio pese a ser un trabajo bastante complejo, oscuro, místico e enigmático para la mayoría de la peña. Nada y nadie sonaba como esta banda. Eran unos bichos raros de mucho cuidado ya sea por sus pintas, sus letras, por la música que creaban y también por los singulares vídeos ideados por el cerebro de la banda Adam Jones. Con el paso de las escuchas no me podía quitar de la cabeza todas esas estructuras, atmósferas y largos desarrollos musicales que escondían miles matices, arropados con esa voz tan peculiar de Maynard James Keenan, con esa mezcla tan atípica entre el susurro y la rabia.
De “Ænima” siempre me acordaré que grabé el CD en una cinta TDK-90 obviando los temas un tanto paranoicos como “Intermission”, “Cesaro Summability”, “Message to Harry Manback” y “(-) Ions “, y rellenaba la cara B con los temas del EP “Opiate”. La cinta quedó totalmente quemada de tanto escucharla en mi walkman; es más creo que la escuché mucho más que en el reproductor de mi casa. No había día que no cayera una buena ración de temas de esta pandilla de lunáticos que facturaban una música inclasificable y que sólo parecía destinada a cuatro frikis con las neuronas muy, muy afectadas. La calle, con mi walkman, era el lugar perfecto para atronarme los sesos con esas bombas que son “Stinkfist”, “46 & 2”, “Eulogy” o “Pushit”. Escuchar este disco era como estar en un mundo paralelo, ajeno a los transeúntes que me tropezaba. Un perfecto refugio para alejarte de la realidad cotidiana. La elaboración y complejidad de obras de arte como “Third eye” o la misma “Ænima”, eran pura adicción auditiva y no eran más que otra disculpa para darle al play una y otra vez.Hoy en día, mi pasión e interés por esta banda se ha diluido casi por completo. Es bastante complicado que recura a este CD y a los otros que poseo de la banda. Ahí están colocados en la estantería, al lado de Tommy Bolin y Traffic, cogiendo polvo y sin que haga mucho para volver a escucharlos. Además la actitud bastante arrogante y pedante de sus miembros no ayudan mucho tampoco y sus trabajos posteriores como “Lateralus” y “10000 ways”, no tuvieron ni el milésimo efecto que supuso “Ænima” en mi cerebro a mediados de la década de los 90.
No obstante y a pesar de que ya no escucho este tipo de música, sigo pensando que estos tipos facturaron con “Ænima” una de las obras más ambiciosas y grandilocuentes de sus tiempos. Eran un oasis en medio de todo lo que nos ofreció esa maravillosa década y este disco se merece por derecho propio que le haga este particular homenaje en mi blog.